martes, junio 11, 2013
SUEÑOS
Digo extraño, porque anoche estaba cansadísimo e hice algo parecido. Comenté a la persona con la que estaba en ese momento mirando la serie, que una vez soñé (y creo que lo escribí aquí) conque estaba casado, teníamos una casa, un trabajo individual y un negocio que atendíamos juntos. Era todo radiante, luego de empezar con una lluvia molesta a la que respondía yendo a buscar con mi auto a mi esposa para que no se mojara. Luego el día cambiaba, transcurrían varias horas, pasábamos al otro día y ya estábamos en esa especie de panadería-bar que era nuestro y conversábamos alegre y serenamente con vecinos y habitués del lugar. Defendí ante esa persona que, frente a una vida desgraciada y triste como la mía, con continuos sinsabores y que siempre algo esté mal o muy mal en mi vida (el estudio, la salud, el trabajo, la familia, más o menos en orden cronológico de estos últimos años) a veces, muy pocas veces, tenía ese sueño de completa felicidad. No recordé en ese momento otro sueño que tuve hace un tiempo, con una de mis artistas preferidas a la que había visto personalmente cuando no la conocía casi nadie, y me había volado la cabeza. Un día soñé con ella, soñé que nos amábamos en secreto porque en ese momento ambos estábamos en pareja (cosa que así acontecía en la vida real), y en una reunión en la que él estaba reunido con sus amigos y mi novia con los suyos, nos cruzamos con esta otra mujer en un pasillo, y bajo el dintel de una puerta, le robé un beso que ella respondió. Obvio, eso quería decir que eso que yo estaba en una relación que no me llenaba. Poco tiempo después hubo que darle un fin.
Desde hace más de un año que creo que quiero a alguien. Bah, algo en ella me conmueve, pero nunca me hace movilizarme del todo. Sin embargo, dentro mío y aunque lo calle, conozco a alguien por quién moriría ahora mismo si eso significara salvarla a ella. Aunque me lo niego conscientemente. Me digo que no la quiero tanto. Pero es mentira. El hijo de un amigo nos vio juntos hace unos meses y dijo, cuando él le dijo que yo solamente la había presentado como una amiga: "papá, no seas boludo, mirá como la mira; está muerto por ella".
Pero anoche, luego de decir que sería bueno soñar con la felicidad completa, como esas otras veces, algo que llenara por un instante la vida de uno... soñé con esta chica. Un sueño largo, larguísimo. Me desperté dos o tres veces y cada vez que retomaba el sueño volvía a estar con ella.
Era mi cumpleaños. Como cuando era chico (estoy en etapa regresiva, je) mi vieja organizó mi cumpleaños. Fueron varios amigos míos, gente que no veo hace décadas, pero no me interesaba, a decir verdad, sólo fui porque estaba ella, y llegué tarde (sí, a mi cumpleaños, jaja). Pensaba que no la iba a encontrar pero la encontré. Charlamos mucho. Nos tomamos de la mano y fue una corriente de cariño que no necesitaba nada más.
Luego caminamos. No sé por qué, pero había una colina, que subimos con facilidad (jua, es un sueño) y luego saltamos para entrar en una casa, que creo era un negocio. Estuvimos ahí, comimos algo, tomamos algo como un café o un té, y luego fuimos a la parada de colectivos que estaba al lado de la colina para que ella se fuera a su casa. Charlamos mucho, tonterías varias, y no necesitábamos decir nada, todo estaba implícito en los gestos, las miradas. Al final notamos que el colectivo no venía por allí.
Entonces le dije: "¡Vamos a casa! Detrás pasa el colectivo que te lleva donde vivís" y ella me dijo que sí y fuimos, alegres, caminando. Entramos a casa por detrás, como si mi casa tuviera un largo corredor que comunicara con la parte trasera de la calle detrás de casa. Ahí le dije que nos dirigiéramos a la parada (que no sería extraño, en mis sueños las cosas más inverosímiles suceden) que parecía estaba al lado del corredor que cité antes. Y cada vez que la miraba sentía que la amaba a cada momento más.
Ahí sonó el timbre del despertador que me indicaba que tenía que ir al trabajo.
Los timbres son aliados del demonio a veces. Hoy era uno de esos días en que podría haberme muerto en sueños, y habría sido feliz.
sábado, enero 05, 2013
TRISTEZA NAÕ TEM FIN
viernes, agosto 04, 2006
XIRIAN Y SEMIELD
SOBRE AMORES Y CANCIONES Y RECUERDOS
Un Ray Bradbury melancólico y un Hermann Hesse en Rosshalde pueden citarse como fuentes primarias de estos cuentos.
Y con respecto a mí. Supongo que terminará este estado, o este estado terminará conmigo. De uno u otra manera, es una salida, así que tan mal no está. ¡Algo es algo! xDDDD
XIRIAN Y SEMIELD
"Mirarte y hundirme son la misma cosa", se dijo la última vez que la vio. No sabía cómo expresar su cariño y su odio ante ella. El nombre de ella era Xirian. El de él, Semield. Donde transcurrió esto, no interesa. Supongamos un planeta, Tunah, hoy desierto. Supongamos una comarca olvidada, Rove-Rts.
Conocí a Semield en un viaje a Andrómeda. No sé por qué me contó lo que me contó. Puede ser que haya visto en mí a otro solitario como él.
Él era un hombre mayor (aunque se pensaba viejo), cansado de muchas cosas. Nada le satisfacía, y por otra parte, sentía que su vida era una continua caída. Pero cuando la vio, se enamoró de ella. Tal vez porque, aunque legalmente adulta, era una niña a su lado, tal vez por su extraña belleza, tal vez por su ternura, tal vez por esa incontenible admiración que despierta en las personas grandes la juventud, y porque con ese atributo marcado todo lo demás queda envuelto por la fascinación a esa etapa de la vida donde nada es tan serio ni nada es tan grave, donde se reconocen sonrisas y lágrimas, alegrías y tristezas, más puras, menos racionales. No puedo saber (en el asunto del amor nunca hay razones claras) cuál de estas razones prevaleció para ese sentimiento que se despertó en Semield hacia Xirian, pero el caso es que al poco tiempo se sintió perdido por ella.
Es difícil, por otro lado, saber qué le pasaba a Xirian, porque ella no me ha contado la historia, y esto lo sé por labios de él. Me hubiera gustado conocer a la joven, escuchar su punto de vista, entender qué hizo que este hombre se sintiera tan atraído hacia ella.
Tengo mis explicaciones. Él era alguien, como dije, cansado de casi todo, insatisfecho, dolido por una vida solitaria. Ella le trajo color a una vida que oscilaba, en su ánimo, entre negros y grises oscuros.
Sé que un día (sé, bueno, sé lo que él me contó), por simple afecto, ella le abrazó, y él correspondió al mismo. Él sabía que ese abrazo no significaba nada, que era eso, una muestra de cariño, pero él, su esperanza, quedó prendido a ese gesto.
Él volvía de sus viajes a otros planetas, y cada vez odiaba más estar lejos de Tunah, donde ella (creía él) le esperaba. Yo creo que para ella, él era un amigo más, tal vez algo más raro porque le llevaba muchos años. Y él continuamente deseaba con más ansias volver, porque podría volver a verla, porque podría volver a sentirse querido por ella.
Como en alguna vieja canción, él estaba buscando ese calor de mujer donde apoyarse y morir abrazado. Pero nada es para siempre, siempre la muerte se nos cuela lentamente, aunque a veces de manera más evidente, y eso pasó con él. Poco a poco, Xirian, sin tal vez proponérselo, fue desdeñando su compañía. Era lógico. Ella era joven, llena de vida. ¿Qué podía querer en un viejo como él? Semield, para ella, estaba para otras cosas. Era su confidente, hasta donde ella quería contarle sus cosas. Cuando se sentía mal, acudía a él. Cuando algo la molestaba, iba con él. Pero eso no implicaba más que una confianza que no quería significar (desde mi punto de vista) más que sentirlo realmente amigo.
Entonces, el tiempo volvió amargura todo contacto con ella. Verla era un dolor. A veces ella no tenía ánimo de hablarle, y él se sentía despreciado, el último hombre sobre la tierra, la peor basura humana. Hubiera querido que la antigua guerra de los Eu le alcanzara, que un proyectil tocara su nave y volara por el aire, y ni cenizas quedaran de él (el espacio se encargaría de disgregarlo completamente).
Empezó a desdeñarla, a tratarla mal. No era eso lo que quería, en el fondo, hacer, pero sentía que reaccionar de otra manera era acentuar un estado engañoso. La amaba y la odiaba, y por eso ese pensamiento. Y cada vez, su trato se tornaba más frío con respecto a Xirian. Lo dicho: verla le hería, le hacía pensar en todo lo que soñaba en torno a ella, y lo lejos que estaba de ese sueño.
Su vida, gracias a conocerla (no gracias a ella, que no creo que tenga nada que ver con lo que pasó después) se volvió un infierno. En sus pensamientos, en sus ideas, en su respiración, estaba Xirian. Soñaba y todos sus sueños trataban de ella. Cerraba los ojos y patente en su mirada estaba el rostro de ella.
Lo que más le había molestado era cuando ella estuvo enferma gravemente. En ningún momento acudió a él, en ningún momento demostró que le interesaba que él se interesara de su persona. Y él se sintió agraviado, desdichado.
La vida de Semield, si uno la mira objetivamente, no era mala. Al contrario. Era dueño de un carguero, y además cumplía vuelos comerciales de embarque para líneas privadas. Tenía un buen vivir y tenía propiedades en tres planetas, donde descansaba entre viaje y viaje.
El problema era que su vida no tenía sentido. Su vida no era útil para él, porque sus aspiraciones estaban lejos de un buen pasar económico o un status social. Él quería otra cosa, que esta joven le reveló: ser parte de algo importante, ser miembro de una familia, tener alguien a quién amar, a quién dedicarle sus pensamientos, sus aspiraciones.
Era un solitario por espíritu y por una realidad concreta: no tenía a nadie. Toda su familia cercana (padres, hermanos) había muerto hacía tiempo, cuando la peste que asoló a Dioclania se llevó a casi todos los habitantes de ese asteroide del cinturón de Enea, y los demás parientes que quedaban vivos no entablaban contacto con él, porque él no era importante para ellos. Entonces, su vida transcurría en un vacío existencial.
Ella había venido, como dije, a mostrarle un mundo nuevo, distinto del oscuro en que él solía desenvolverse. Pero él confundió las cosas, o mejor, estaba tan solo que una mínima muestra de cariño le pareció tan raro, que no pudo menos de responder de esa manera.
Y el problema era ése: su soledad era tan grande, estaba tan necesitado de afecto, tan patéticamente solo, que acercarse a ella fue casi un acto reflejo, quererla, algo que cualquiera en la misma situación, con mayor inteligencia o fuerza de voluntad, tampoco podría haber evitado, o al menos, le hubiera costado mucho. Y la soledad, a veces, sobre todo en estas cuestiones sentimentales, trae aparejado un compañero horrible, pero que prima en muchas decisiones: el miedo.
Miedo tuvo él de decirle a ella todo lo que sentía. Tenía miedo de alejarla, de que no quisiera verle más, de que rechazara completamente su compañía. Tenía miedo de tenerle confianza al cariño de ella. Y este miedo se contraponía con su deseo, que no le hacía disfrutar de lo que ella le ofrecía, o alejarse para siempre, prolongando una situación penosa.
Alguna vez dejaron de verse, y para él eso significó la muerte. Si no hubiera sido por su extrema cobardía, se hubiera suicidado, y en cambio prefirió una vida amargada y más solitaria aún, si cabe.
La muerte le encontró navegando por la galaxia de Eddrom. Una descarga de neutrinos sobrecargó una de sus parrillas colectoras de energía, y la nave explotó, y todo lo que estaba adentro, Semield incluido, implotó. Ignoro si sus últimos pensamientos habrán estado dirigidos a Xirian.
Siempre me he preguntado qué sería vivir una vida tan pálida, tan amarga. Y también, qué hubiera dicho la joven Xirian (si en verdad se llamaba así) de haber sabido la suerte de su viejo amigo. Supongo que ella habría sentido algún dolor, o tal vez no, porque el tiempo mata cualquier afecto, y mucho espacio separó su último encuentro de su deceso, pero me pongo a pensar qué hubiera sentido ella cuando parecían más unidos.
Creo que ella no tenía tiempo para perder con los desvaríos de una persona mayor. Pienso que en el fondo lo tomó como una excentricidad propia de una persona querida, o tal vez (esto lo creo también) secretamente intuía qué le pasaba a él, y para no alimentarle esperanzas vanas, prefirió mantener una distancia que al cabo acabó matando toda luz de vida en Semield.
Él nunca la comprendió, él nunca pudo comprender cosa alguna de ella. Tal vez sea el problema de quienes viven irremisiblemente sumergidos en la propia nada de sus vidas, resignándose a la amargura cuando los hechos no desencadenan en lo que se esperaba, cuando los anhelos no se concretan.
Dentro de tantos tal vez, tal vez ella también tuvo su parte de culpa estando cerca cuando veía que eso le hería, pero también pienso que Xirian le veía tan desdichado, tan solo, que tuvo compasión de Semield y quiso aunque sea regalarle su compañía. Pero eso también es un problema. Cuando uno no ha conocido la luz, no la extraña, piensa que la oscuridad, que las visiones difusas, son como se ve normalmente todo. Pero si una sola vez se contempló la luz, si una sola vez se la apreció con un mínimo de su poder, siempre se la añorará, porque se comprenderá de manera más completa, más terrible, lo anodino, lo ramplón de la propia existencia.
Creo que es por eso que Semield, en sus últimos años de existencia, antes de fundirse en la nada, dedicaba mucho tiempo de navegación en sentarse en la cabina de mando y contemplar el negro espacio. Quizá allí encontraba consuelo, quizá se sentía identificado, encontrando que el mismo vacío que le rodeaba era lo que componía lo más íntimo de su ser.
SOBRE AMORES Y CANCIONES Y RECUERDOS
"No quise decirle nada
la amé en silencio esa tarde…"
Cuando escucho esa zamba de Peteco Carabajal, siempre recuerdo algo que ocurrió hace tiempo.
Estábamos en una fiesta al aire libre. De noche. Era el cumpleaños de un amigo, y fue también la primera vez que la vi. Nos miramos, pero eso fue todo.
Después comprobamos que más o menos nos movíamos con el mismo círculo de amistades, porque la encontré en otras reuniones. Y siempre nuestras miradas (o eso creía yo) expresaban más de lo que nuestros gestos dejaban entrever.
Alguna vez, antes de dejar la ciudad e irme a otra por cuestión de trabajo, volvimos a vernos. Otra vez en una reunión al aire libre. Esta vez bajo un sol radiante, que marcaba con firmeza nuestras sombras en la tierra. Gene Clark sonaba en el aire.
Sin querer queriendo, como diría un popular personaje mexicano, nos quedamos solos. Charlamos un poco. Congeniamos en asuntos banales. Muchas veces nos quedamos envueltos en silencios incómodos.
Pensé en decirle lo que me pasaba, porque estaba convencido de que nuestros sentimientos eran mutuos. La miré a los ojos, contemplé su rostro serenamente, por primera vez. Era un rostro moreno, los ojos café, la sonrisa límpida. Mi boca se abrió para expresar todo lo que llevaba dentro, mi mano hizo un gesto inequívoco.
Algo en mí tuvo miedo, o pensó en iniciar algo cuando debía partir de allí. Callé, y me dediqué a amarla secretamente. Y siempre pensé que ese amor, en ese instante, fue el más puro que sentí nunca.
Volví a contemplarla, como a una antigua deidad que se hubiera encarnado. Era un típico verano en enero, con el cielo resplandeciente. El calor del sol era el exacto opuesto al frío que experimentaba mi alma.
Como un cobarde, como si fuera vergonzoso que ella me atrajera, me alejé, con una excusa estúpida. Seguí mirándola de lejos, hacia atrás, con mi corazón latiendo apresuradamente pese a que no estaba haciendo ningún esfuerzo físico, sintiendo asco de mí, y también que esa mínima distancia era una ironía del momento, porque nunca estaríamos más alejados que entonces, y que ese sino no se alteraría jamás.
Han pasado seis años. Hoy, sin querer, la encontré en un bar al que no voy con frecuencia. Me extrañé tanto de verla, que me acerqué a saludarla.
Ella no me recordaba, pero en cuanto le nombré conocidos y algunos de los encuentros en los que habíamos coincidido, dijo que vagamente me tenía de algún lado, y me invitó a hacerle compañía un rato, hasta que volviera a su trabajo. Me senté a su lado con el corazón destrozado.
Creo que no pasaba día sin tener algo que me hablara de ella, y en mi estupidez supuse que ella pasaba por algo similar. Pero no. Será que uno se ata a sus sueños y piensa que estos tienen algún asidero en la realidad.
Brutalmente y sin saberlo, ella aniquiló cualquier esperanza que pudiera albergar. Charlamos. Me contó que estaba felizmente casada, con dos hijos, uno de tres años y una beba de un año y cuatro meses.
Ahora estoy frente a mi ventana, contemplando la soledad en que se desarrolla mi vida. Siempre será así, me digo. Siempre este vacío me acompañará, junto con el recuerdo de una mujer que si pensó en mí alguna vez, yo dejé ir por ser un pusilánime cuando debo jugarme por algo o por alguien, empezando por mí.
Tal vez esto no sea un castigo, como a veces pienso de esta vida miserable que llevo, sino simple consecuencia de las decisiones que tomo. Y entonces barrunto que esta habitación húmeda es un reflejo de mí, de mi existencia sin sentido, de aferrarme a destellos como si fueran luces perpetuas, y entiendo claramente que al poner mi ser en ellos, me hundo en la misma nada en la que ellas se sumergen, hasta que, como es obvio, nada quede de mí, y mi pequeño paso por el mundo sea como un camino abandonado a los elementos, que enseguida se llena de musgo y se olvida.
Mientras, nuevamente, como aquella vez, suena Gene Clark, ahora en la radio, con su inconfundible With Tomorrow. Tal vez sea un símbolo, una premonición, de lo que he sido y siempre seré.
Ella me mostró que si hubo algo real en lo que pasó en ese entonces, no se ató a sus recuerdos, no se estacionó en su infelicidad momentánea. Es entonces cuando comprendo que mi vida es una mentira y sé que nada que haga podrá detener la decadencia en la que, como una pendiente suave ahora, más inclinada cuando sea más viejo (si llego a viejo, si no acabo con esto antes), colapsará mi razón ahogada por mis propios fantasmas. Tal vez cree una realidad alternativa en la que sea estúpidamente feliz, mientras mi cuerpo esté encerrado en algún neuro-psiquiátrico. Y tal vez ese sea mi mejor, mi piadoso final.
sábado, julio 29, 2006
UN POCO MÁS DE REFLEXIONES
Voy a reflexionar sobre el tema mujeres, varones, odios, amores.
Hablo varias veces de miradas incompletas, pero no digo lo que quiero decir.
El que tiene la culpa de cómo se siente es uno. Y ni siquiera estoy seguro que haya culpa en lo que pasa entre dos personas.
Los que me conocen saben que la música de bailanta me caen tan simpáticos como una patada en los gobelinos, y los bailanteros, ¡ay!.
Pero uno no tiene que ser dogmático. Hasta esa cosa horrible llamada Código del Derecho Canónico, donde pone reglamentaciones para los laicos católicos que son... (me callo), sin embargo dice al final algo como: "Obvio que todo lo anterior está sometido a la santa caridad".
¿Qué tiene que ver con lo que quería decir?
Gilda, bailantera, muerta en un accidente, cantaba:
"No me arrepiento de este amor/aunque me cueste el corazón/amar es un milagro y yo te amé/como nunca jamás lo imaginé".
Sip. Amar es un milagro. Espero que nunca sepan lo que es vaciar el corazón a cualquier clase de sentimiento, a odiar sentir, a no querer querer. Ojalá nunca les pase, como decían los truchos de No hay dos sin tres.
Cuando alguien despierta sentires olvidados, cuando siente que su corazón puede apresurarse a ver a alguien, no importa en qué acabe eso, no puede odiarse a una persona así, porque al menos en mi caso, significaba que esa persona tenía que ser muy especial (y hoy digo que me quedo corto) para obrar tal... milagro, perdonen la reburrancia (o redundancia, como gusten).
En mi texto anterior parecía guardar la culpa en la persona que provocaba el sentimiento del dolor, pero si uno puede justificar en su dolor (hasta cierto punto) ese deseo de eliminar a quién considera culpable de su frustración, de sus sueños rotos, de tener como un aliento a muerte rodeándole, eso no quiere decir que la otra persona tenga una real culpa de nada.
Porque amar no es culpa de nadie, es algo que se despierta (si hay suerte) entre dos personas, pero si no, también es enriquecedor que se despierte sólo en una de las personas.
Porque si ese sentimiento llega a ser lo más puro que puede ser en cada cual, no dejará de purificarlo, en alguna manera. Nunca llegará a odiar completamente al otro, porque siempre prevalece eso que le resultó amable de la otra persona.
Cosa distinta es, obvio, el amor enfermizo, que es más bien querer, querer como se quiere a una cosa, porque el otro es simple posesión de uno, y uno lo exhibe o lo siente como una posesión, no como un ser humano con pensamiento propio, con identidad propia, con deseos propios, y sobre todo, LIBRE.
En su libertad, puede elegir estar con nosotros o no, puede elegir decirnos la verdad o no, puede responder a nuestra confianza o no. Y nosotros no podemos culparla de las decisiones que toma, porque son de ella y esa libertad es inviolable.
Obvio que a uno le dolerá más o menos si esa persona es leal o no con nosotros, si respeta sus palabras o no.
Cuento dos anécdotas personales: Hace tiempo, cuando los dinosaurios caminaban por la tierra, me enamoré de alguien que no se enamoró de mí, con quién teníamos la mejor onda y jodíamos más de la cuenta, pero bueno, lo que pasó en mí no pasó en ella. Me dijo que no quería que perdiéramos nuestra amistad y que quería que no me alejara de ella.
Bueno, yo le dije que no me ocultaría de ella y que seguiría yendo a esos lugares donde íbamos siempre. Pero, consciente o inconscientemente, ella se fue yendo cada vez más lejos, cada vez hablándome menos y haciéndome ver claramente que a ella le molestaba de alguna manera mi presencia. Duró como tres meses este tipo de actitudes, hasta que un día me dispuse a hablar de este tema con ella.
Le dije lo que sentía que pasaba, y ella dijo que sí, que no quería pero que sentía que tenía que estar lejos de mí. "¿Y lo que prometiste, entonces? ¿Era mentira?" (bueno, cuando uno es chico, tiende a actuar como dentro de una película) "No, no lo era, perdonáme, pero no pensé que tendría que hacer un esfuerzo". "Entonces decís que yo no valgo ese esfuerzo" (yo y mis ganas de agarrarme de cualquier cosa para llevar una discusión a mi favor). "No, no digo que no lo valgas, sólo que siento que si me acerco vas a creer que me pasa algo con vos". "Ah, bueno, entonces quiere decir que cuando te dije que sabía que a vos no te pasaba nada conmigo, no me creías nada. Sólo decías aquello que sabías que quería oír". "No, simplemente... no quería herirte". "Pues sentirte lejos me está haciendo mierda, porque entonces quiere decir que esa persona que admiraba y que consideraba sincera y cierta en ciertos aspectos que para mí son importantes, eran una reverenda mentira". "Sé que te estoy destrozando, por eso me odio, pero no puedo hacer nada. Te quiero mucho, pero... no sé, siento que mantener la relación que tuvimos durante ocho meses, y... prometo que voy a tratar de no alejarme tanto, pero entendé que inconscientemente me alejo aunque no lo quiera".
Uno no puede dejar de sentirse un boludo en una situación así, pero eso me sentía. Y tan loco estuve que un par de veces casi me suicido, porque la amaba con locura, pero además, me jodía la parte mentirosa de ella. Nunca se me ocurrió pensar, enceguecido en mi agonía y mi tristeza, que a lo mejor ella tenía razón, que para mí y para ella, lo mejor era que nada fuera como antes.
Sin embargo, lo maravilloso viene cuando, mucho tiempo después, algo similar pasa (y aquella experiencia te sirve para saber que eso que la chica despertó en vos es lo opuesto a lo que le pasa a la chica con uno ;-). ¡Lindas situaciones cíclicas!).
Hoy (hoy por actual, no porque pasó hoy; pero, che, hay que aclarar todo xDDDD), pasado mucho tiempo (dos años y cuatro meses, para ser exactos), a uno le cae la ficha de estas cosas que no debe callar, y que hacen que a veces este sentimiento obstaculice el cariño evidente que hay entre los dos. Y decido ser sincero con ella.
Ella, al igual que aquella chica, me dice que me quiere muchísimo, que obviamente no le pasa lo mismo que a mí, pero que no quiere perderme, que no quiere perder la relación ni la amistad.
Y cumple.
Y es maravilloso, porque uno, por una parte, está completamente partido (tanto, que uno, un macho a la antigua xDDDDDDD, llora como una magdalena), pero ella está ahí, me consuela con sus gestos, sus palabras.
Y entonces uno puede creer que hay personas maravillosas, al menos en eso que tanto buscamos.
Y con el tiempo, uno sabe que nunca dejará de amar a esa persona, y eso es una fuente de tristeza enorme. Pero a su vez, sabe que alguien así se merece que uno haga cualquier sacrificio por ser digno del cariño de esa persona, y cosa extraña, uno empieza a entender hasta por cuestiones como la casualidad, cosas de esa relación que presagiaba ser algo grande y quedó en meras cenizas en el aire. Y que inspiró la siguiente canción:
Como un triste ser
se perdió el candor
de una amistad
que aunque bien nació
ya no más será,
ya no más será.
Flor que pudo ser
algo más que adiós
nuestro refugio,
pero algo lo impidió
alguien lo impidió
y se terminó.
Ya no hay amor
ni alegría,
sólo tristeza.
No quieres verme más,
no quiere verte más,
esto no va más.
No sé por qué será
que todo lo bueno
siempre tiene un final.
Como si la muerte
y no la vida
reinara en este lugar.
Sip. Alguien que me rechaza me hizo hundirme en la más profunda de las depresiones que conozco, otra me hizo ver que siempre hay esperanza.
Y sobre todo, que sin ese amor incondicional que muchas mujeres son capaces de dar, este mundo no sería lo que es (hace tiempo se habría aniquilado), y que los hombres vivimos ensoberbecidos de la importancia de nuestra existencia (todo nos pasa a nosotros) y nunca miramos que hay vida fuera de nuestro ombligo, y que el mundo no gira alrededor de nosotros, y que, como decía Yavanna (Biddle, para la gente de Ciao!), uno siempre debe reírse, aunque sea para dar alegría a los demás.
Gracias a todas ellas, que están y uno sabe que siempre están. Porque su cariño y su afecto y su sonrisa, rompe muros, vence al tiempo y a la distancia.
Saludos y gracias por leerse toda esta parrafada. ¡Hasta la próxima!
viernes, julio 28, 2006
UN AMOR NO CORRESPONDIDO
UNA HISTORIA DE AMOR QUE NO HARÁ ESCUELA
UN AMOR NO CORRESPONDIDO
Como algunas veces, Laura, Víctor, Carlos y yo salimos del trabajo a tomar unas cervezas a un bar cercano.
La noche estaba espléndida, con una leve brisa que aliviaba en algo de la temperatura veraniega que padecemos últimamente en Noviembre en Buenos Aires.
Laura, como siempre, se sienta al lado mío, así puede fumar tranquila. Los otros dos no soportan el humo del cigarrillo, pero como yo también fumo (aunque no tanto como ella) no pasa nada y así transcurrimos la velada.
Con Carlos estamos haciendo bromas acerca de Boca y River, pero Víctor, que al principio se ve animado, lentamente se va callando, y en un momento está totalmente lejos de nosotros. Es decir, su cuerpo, su voz está ahí, pero sus pensamientos están en otro lado.
Le digo un par de cosas y me responde con evasivas. Y finalmente comprendo que hay algo que no cierra. ¿Será...? No, él me había dicho que su "rapto de locura" con Laura había terminado. Pero sus ojos no mienten. Cada vez que la mira, algo que es una mezcla de odio y amor brillan en lo más profundo de él.
Finalmente, nos vamos. Víctor es un amigo a quién quiero mucho, y me duele verlo hecho una piltrafa, pero siento, tal vez certeramente, que está más allá de mis palabras o cualquier tipo de ayuda que pueda darle. Y opto por no decirle cosa alguna.
Mientras vamos caminando con Laura (vivimos cerca) le pregunto si sabe qué le pasa a Víctor. Ella me dice que lo ignora, pero que no es su problema. Supongo que si supiera que él sufre por ella, por su silencio, por su acercarse y alejarse continuamente, aún así diría que no es problema de ella. Tal vez tiene razón.
Cuando a la semana siguiente le veo a Víctor, le pregunto si le está pasando algo con ella, pero me responde que no, aunque en cierto modo me admite que está "ofendido" por las actitudes de ella. Le pregunto si aún no se ha percatado de que ella siempre fue así, y que es difícil que el chancho chifle.
Me dice entonces que el problema es de Laura. "Sí", le respondo, "pero el que anda como un muerto viviente sos vos, no ella".
Hace dos días nos volvimos a encontrar todos. Víctor se había pasado toda la tarde haciendo chistes, pero cuando vamos al bar, nuevamente veo que lentamente se empieza a deprimir, y que está sin estar. Y de un modo oscuro, presiento su deseo de no estar ahí, de no verla reír, de no recordar que alguna vez la amó, de poder estar en un mundo donde ella sea alguien completamente distinta (pero entonces no sería ella, de quién él se enamoró) o que ella fuera como un mito antiguo y olvidado. Para que los demás no le preguntemos qué le pasa, intenta disimular haciendo un par de bromas, pero luego vuelve a hundirse en sí mismo.
Y Laura está ahí, una de las personas que más quiero y a la vez, la persona más inescrutable que conozco, riendo de distintas pavadas, planeando conmigo qué materias vamos a sentarnos a estudiar en diciembre y en febrero, viéndole a Víctor sin verle.
Y así alcanzamos la madrugada, con alguien sintiéndose despedazado, sintiendo que no tiene razones para vivir (me lo admite al día siguiente, cuando vamos a comer al mediodía), esperando un día amanecer y que esa pena (que ya lleva años) no esté más.
UNA HISTORIA DE AMOR QUE NO HARÁ ESCUELA
Cuando te vi por primera vez, tu fragilidad me atrajo, no lo niego. Eras una niña que necesitaba afecto y yo te lo di, o creí dártelo. Pero pronto vi que esa fragilidad, aunque real, no era lo que más brillaba en ti. Eras, además, una chica muy inteligente, muy curiosa, y necesitada profundamente de que se le reconocieran esas virtudes. Y cuando te decía que eras una persona genial, porque realmente lo eras, te sonrojabas y me decías palabras denotando gran estima hacia mí.
Como decía, tu ser delicado me hizo enamorarme. Pero como todo lo que no se funda en verdadero amor, más temprano que tarde lo nuestro empezó a resquebrajarse. Lentamente y sin darnos cuenta, un abismo se fue levantando entre nosotros, un muro infranqueable de tan alto y fuerte que se hacía con el paso del tiempo.
Me percaté, en algún raro instante de lucidez, que lo que antes era motivo de risa, ahora nos incitaba a quedarnos indiferentes, cuando no directamente a experimentar desdén por lo que decíamos o hacíamos. Nos quedábamos largo tiempo en silencio, esperando que el otro hablase. Yo me sentía ofendido, porque pensaba que la culpa de esa distancia tan invisible como palpable era tuya. Supongo que tú habrás pensado que la culpa era mía, si es que alguna vez pensabas en eso.
También sentí que aquella coraza que te protegía cuando te conocí, y que habías bajado cuando más habíamos intimado, ahora se levantaba de nuevo, más poderosa, más letal. Porque alguna vez noté que tenía que hacer algo para salvar nuestra relación, si me importabas, y te pregunté qué te pasaba, una y mil veces. Y vos cerrabas los ojos y me decías que nada, que eras la persona más normal del mundo, y que yo me complicaba pensándote, que el problema de todo estaba en mí y no en ti.
¡Bueno! Ahora medito en si no habrás tenido razón. Tal vez el problema fue intelectualizar tanto nuestra unión, diseccionar cada situación con minucioso fervor, que la llama que pudo haberse encendido, se apagó bajo la fría mirada de mi microscopio mental.
Pero tú tampoco eres inocente. Nunca te jugaste realmente porque esto funcionara. Es más: cuando el cariño que sentía por ti me hacía preguntarte por qué esa tristeza permanente que te aquejaba, o cuando te hacía notar algo en tu comportamiento que veía que te hacía mal, es como que te molestabas sobremanera por eso; hablabas de otro tema o ponías una excusa e ibas a buscar cigarrillos o caramelos.
Hoy ya estás lejos, total y definitivamente. Y eso que nos vemos todos los días, y hasta vivimos bajo el mismo techo y compartimos la misma cama. Pero cada vez que nos abrazamos, cada vez que nos besamos, cada vez que hacemos el amor, siento que no eres la misma persona que conocí, que estoy con una extraña, con alguien que tomó tu forma en la calle (alguien cualquiera) y entró a nuestra casa.
Y eso es tal vez lo más terrible. Sentir que de algún modo he conseguido lo que he buscado, estar contigo todo el tiempo que me fuese posible, pero que ese modo asume la forma de un fracaso muy singular, porque pensé que el alma estaría donde estuviera el cuerpo, pero contigo pareciera que no es así.
A veces, en tus ojos hay un destello de la antigua ternura que me conquistó, y es entonces cuando te tomo el rostro y me digo que me miento al pensar que no te amo, que todo se acabó, porque en esa mirada siento que cobro sentido y que nada quiero más que vivir el resto de mis días a tu lado. Y te abrazo y me abrazas y en ese instante hay un momento de sincero cariño.
Empero, eso sucede de manera más esporádica con el paso del tiempo. Son como gotas de agua dulce en medio del océano. Y la vida transcurre, y te veo cada vez más mujer, más madura, más segura de ti, y me pregunto dónde estará tu corazón. Nada amaría más que estuviera aquí conmigo, pero no puedo engañarme: donde sea, no es aquí. Y me da por cuestionarme si no tengo la culpa de que estés aquí. Probablemente te quedas porque te sientes segura o cómoda o no tienes adónde ir. O porque de alguna forma que no logro entender, me quieres.
Con todo, no dejo de pensar que debería liberarte, decirte que no te sientas atada a nada, porque nada nos ata, que aunque estés lejos siempre te estaré amando, y que lo importante es que hagas aquello que sea lo mejor para ti. Pero ni siquiera llego a intentarlo, porque el miedo a que te vayas y nunca vuelvas me vence, y entonces dejo que nuestra existencia mediocre siga adelante, porque no sé pensarme sin ti, no sé qué hacer sin ti, ni sé qué sería de mi vida sin sentir (aunque seas ese fantasma corpóreo en que te has transformado a mis ojos) que estás a mi lado.
--------------------------------------------------------------------
Dedicado a Almudena (Alfita), mi madrileña amiga, con todo mi cariño y mi aprecio
miércoles, julio 26, 2006
UN ENCUENTRO FUGAZ
DESVIO (ACCIONES IRREPARABLES)
UN ENCUENTRO FUGAZ
Yo era un niño y vos bajabas serenamente de la cima del cerro, impactante delante de un fondo de montañas nevadas. Desde ese inicial mundo blanco (parecías nacer de él), el sendero casi barroso por el rocío matutino te traía hacia mí.
La mañana era fría, y el cielo era de un azul límpido. Yo me quedé en extasis, viendo tu rostro blanco y tu pelo rubio, con chapecas atadas con moños. Yo tendría que haber seguido haciendo mi vida de niño (como vos) pero con ese impudor que sólo posee la inocencia o la desvergüenza más grande, me acerqué y te hablé.
Tus padres estaban acampando sobre la cima (el cerro era bajo y plano), y aunque nos vieron, nada dijeron. Era otro tiempo, un tiempo de confianza que no volverá.
Nos sentamos en el prado, mirando al río seguir tranquilamente su viejo cauce. Me hablaste de tus padres, de tus hermanos, del colegio primario al que habías empezado a ir en aquél otoño. Yo te contaba de mi padre, de mi madre que no vivía ya, del colegio al que iba y que quedaba a cinco leguas de casa, y al que llegaba en un parejero del capataz de la estancia de mi padre.
Movido por un impulso que no sé de donde surgió, crucé el río, pisando las piedras como otras mil veces antes, corté unas margaritas silvestres que había frente nuestro, volví donde ella y se las regalé.
La niña sonrió con ternura infinita y en su sonrisa por primera vez me sentí distinto. "¿Cómo te llamás?", le pregunté. Ella volvió a sonreír y me respondió. Entonces escuché un grito a lo lejos. Carla alzó sus hombros y me dijo: "Me tengo que ir. Pero te voy a dar algo para que te acordés de mí". Y entonces se acercó al río, metió su manito en él, sacó un canto rodado y me lo dio. Luego se despidió y yo la vi irse, y algo que no pude describir desde mi conocimiento de niño me hizo sentir triste. Nunca más, o eso creo, al menos, la volví a ver.
Aún conservo esa piedra y cada vez que la veo o la toco, creo que hay algo en mí aún puro e inmaculado, aunque la vida me ha llevado por otros caminos que los que mi padre, recto y justo, hubiera aprobado. Quizás la sonrisa de esa niña sea lo último que vea, lo último a lo que me aferre antes que la oscuridad total me ciegue para siempre.
DESVÍO (ACCIONES IRREPARABLES)
"Quizá la mejor manera de relacionarnos sea no relacionarnos"
El pasado nos lleva.
Hoy estaba, como siempre, en mi trabajo, cuando te vi. Hacía tal vez uno, dos años que no me cruzaba contigo. Fue lo de siempre. Verte y pensar en todo lo que pasó, en lo unidos que éramos y en esas decisiones que uno toma y que son irreversibles y que uno después lamenta muy tarde.
Te acercaste y me saludaste y como siempre, te correspondí fríamente. Pero sé (me lo dijiste una vez) que si las palabras y los gestos engañan, los ojos no mienten. Y sé que mis ojos te habrán revelado la verdad, que aún te sigo queriendo, que tu existencia le trajo luz a la mía, y que ahora sin ti, todo transcurre en una monotonía salvaje, donde todo son distintas tonalidades de gris, donde todo es como estar caminando por frente del pelotón, esperando que me amarren a un poste y que la descarga de fusilería termine conmigo.
Gracias por leerme. Saludos a todos y que anden bien :-)
NOSOTROS Y LOS OTROS
Lo cierto es que uno alguna vez amó a alguien de forma loca, desesperada, enferma. El gran problema es que, en ese estado, uno tiende a ver las cosas tal como le conviene a uno. Y la otra persona, en verdad, ve las cosas como le conviene a ella. Uno no es culpable de amar a alguien que nunca se fijará en nosotros, como decía alguna canción que ahora no recuerdo ni quién la cantaba, pero sí lo es de esperar algo de alguien que no puede dar eso, porque no quiere o porque no puede (acá siempre repito esas poderosas palabras del Indio Solari, "la más hermosa niña del mundo, puede dar sólo lo que tiene para dar").
Y cuando uno se entera de eso, y lo toma no de buenas maneras, descarga toda la culpa que pudiere haber en uno, en el otro.
Y declara entonces que amar a esa persona fue una pérdida de tiempo.
Que fue lo peor que le pasó en la vida.
En verdad, no lo fue. Fue lo que fue, y toda experiencia nos hizo crecer, aprender, de formas tales que el dolor presente tapa todo eso que aprendimos. Pero para eso, debe mediar tiempo entre estas experiencias adquiridas y el momento en que repensemos dichos hechos. Entonces, no, pérdida de tiempo no.
También decimos a veces que el otro es indigno de nosotros. A veces, de formas sutiles, como "Dios ya te va a enviar una buena mujer -¿qué es la chica? ¿mercancía?-", "Hay muchos peces en el mar -como que cualquier cosa nos da mismo y así les va a parejas armadas así-"
¿Qué parámetros usamos para medir eso? ¿Nuestra dignidad? ¿Nuestra manera de ser sinceros? ¿Cómo nos entregamos al otro?
Muchas veces de eso que acusamos a los demás, podemos tranquilamente acusarnos a nosotros mismos. Venía a cuento con los cuentos que vendrán en la entrada siguiente, que cuando los escribí, a alguno de ellos, por alguna experiencia, dije con el mayor de los odios a esa persona que me hacía llorar por ella, por estar tan lejos de mí y todas esas huevadas que uno dice cuando no sabe cómo explicar el despecho que siente, "es una perra, una verdadera perra, una reverenda hija de puta".
No, el problema es que las personas son como son, como dije antes, y pensar, contar (contar de contar, digo, enumerar) cuantas veces nosotros herimos o lastimamos a los demás, puede tornarse un ejercicio tedioso. Pero al tener la mirada siempre sobre una de las partes, y no sobre el todo, perdemos perspectiva. Y por lo tanto... no estaría mal hacerlo, aunque sea para ver nuestra propia falibilidad...
A uno le encantaría que hubiera sido así, que esa chica hubiera sido así, pero ella simplemente actuó como actuó. Quizá ella no nos merecía, pero también es seguro que ella no se merecía a uno.
Tal vez uno crezca alguna vez, y deje de lado esos sentimientos de amor adolescente, y salga para adelante, y aprenda, y no explote por cualquier cosa, ni llore, ni cosas así. Como dice un antiguo dicho oriental: "Si tiene solución, ¿por qué llora? Y si no tiene solución, ¿por qué llora?".
A veces parece que pasamos por esta vida buscando excusas para sentirnos mal, cuando esta cosa llamada vida es única e irrepetible, y lo más importante, es nuestra.
Algún día, aprenderemos a ser nosotros sin necesidad de buscarnos ser a través de los otros, de sentirnos completos sin necesitar compañía, aprobación, fama, dinero.
Tal vez así, nos entregaremos al amor sin restricciones, con amor maduro, sano, real, consciente. Y lloremos por una pérdida, pero no consideremos que ese dolor deba regirnos durante toda nuestra vida.
Saludos a todos, y gracias por leerme :)
miércoles, julio 19, 2006
RAZONES DE UNA TRISTEZA
Siempre uno en esos momentos se pregunta por qué hace todo, para qué lo hace, cuál es el sentido. También me pregunto si eso que llamo "sentido" es estimulado por esa creencia cristiana acerca de "aquello a que estamos destinados", pero que llevarlo a cabo, cuesta, más en un ámbito donde todos te dicen que te tranquilices, que no te tomes las cosas tan a pecho, porque total no vas a cambiar nada, porque tenés que ser político, porque tenés que callarte aunque sepas que es lo peor que podés hacer, que apañés a todos porque es lo que se hizo siempre y vos no lo vas a poder cambiar.
Sin embargo, hay algunas cosas que contribuyen para este sentimiento. El aniversario del atentado a la AMIA (que pensaba recordarlo -también lo pensé el año pasado- para postearlo en Ciao! y en este blog, pero resolví nuevamente que no, vaya uno a saber por qué pudores de contar cosas muy personales) es una cosa que me tensa, me pone nervioso, saber la mierda de país que tenemos, la mierda de dirigentes que tenemos y que nos merecemos, porque los políticos serán una reverenda basura, desde todos los presidentes hasta el último de los ediles de un pueblo, pero
¡alguien los votó!
No salieron de abajo de una piedra. No se sentaron sin importarles ser elegidos (la gente se sabe que no les interesa; además, eso de caer de prepo en el poder es algo que practican los militares y los peronistas -recuerden a Menem, Cafiero, tirando abajo el gobierno de Alfonsín, para así José Patillas asumir antes; recuerden a Duhalde movilizando tropa para voltear al inútil de De La Rúa, para ser presidente aún siendo un simple senador-). No cayeron de una nave extraterrestre. No fueron puestos por dedo por Dios. No. Fueron votados por nosotros, los mismos que luego los defenestramos.
¿Y qué se puede hacer?
Según yo, muy poco. Hubo un tiempo en que esto podía corregirse, pero se dejaron pasar muchas oportunidades. Podría haberlo hecho Alfonsín cuando asumió, porque tenía un apoyo del pueblo impresionante, y la mierda peronista estaba con la cabeza gacha porque en muchos distritos los habían aplastado; pero dejó que los peronistas establecieran alianzas con los militares golpistas y con el Coronel (R) Aldo Rico, organizaron pseudo-golpes de Estado, que fueron en realidad pantominas para demostrar, dejar en evidencia el vacío de poder que tenía en ese momento Alfonsín, que en lugar de gobernar, había puesto sus energías en encabezar el Tercer Movimiento Histórico.
Mientras tanto, cosas como de la AMIA podrán volver a pasar, porque estamos desamparados, somos como esos chicos en el Líbano que vagan por las calles luego de que el Estado Asesino de Israel siguiera destruyendo casas de civiles. Sólo que acá siempre tendremos un presidente que nos dirá que estemos tranquilos porque él nos está protegiendo, porque él se preocupa por nosotros, mientras nos vende en el mercado negro.
Y otra cosa que me está poniendo mal es lo del Líbano. Cualquiera que me conozca sabe que jamás ampararé a terroristas, porque la idea de que un pedazo de tierra, la religión, un ideal o Fido Dido valen más que una vida humana, no va conmigo. Pero "defenderse" atacando poblaciones civiles (ni siquiera haciendo real daño a los terroristas, que operan muy tranquilos en otra parte, a juzgar por los misilazos que le pegaron a Israel), es propio de un Estado Asesino. Y que no duda en usar a los propios civiles, es decir, a los civiles israelíes, como excusa (es de muy perseguido pensar que ellos abastecen ocultamente, o permiten actuar, a los terroristas para justificar la acción en El Líbano, ¿no?). Combatir el terror con el terror no es propio de una nación civilizada. Y encima Estados Unidos atrás, amparando (¡qué raro!).
Hablando de estos amigos del mundo libre, me acordé de una letra de The Offspring, "Tehran". A ver si encuentro la letra por internet y traduzco una parte que siempre me resultó interesante. Bueno, acá está...
TEHERÁN (The Offspring)
Volando por el cielo azul
Recorres otra vez
Las palabras que resuenan en tu mente
Hacen que tu corazón lata más rápido
Esto no es Vietnam
Nosotros venceremos en Irán
......
El Capitán dijo matar o morir
El Islam está condenado
Haz tu última parada
En Teherán
......
Gran Satanás
Nuestra bandera está en llamas
......
Esto es todo por hoy... y de paso despotriqué contra algo, como pedía Juan Manuel.
Saludos y que anden bien