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martes, abril 14, 2009
LOS OBISPOS Y SU "TESTIMONIO" CRISTIANO
Aclarando que es gerundio
El testimonio que uno le exige a los curas, cualquiera sea, es el mismo testimonio que uno debe, o debería, exigirle a los laicos. Como con el tema que trataré brevemente, el tema del respeto debería estar en primer lugar. Si todos nos respetáramos más, estas cosas no pasarían.
Y sobre todo, el entender que la mujer es usualmente la víctima de esta cultura machista que impera y atropella a todas ellas por igual.
El cristianismo es testimonio desde su mismo nacimiento. Son personas que viven de manera prístina, con mucho amor entre ellos, y haciendo que los demás que los ven se conviertan por ese mismo amor.
Pero los herederos de Pedro y demás apóstoles, saben mucho de lanzar palabras de condena, de fuegos eternos, de lascivia, pero poco de practicar sus votos, de vivir según los valores morales eternos.
Obispos predadores
Lo del obispo Lugo no es ninguna novedad. Tal vez lo sea que haya admitido, luego de una amenaza judicial, claro está, la paternidad de un niño de dos años. El chiste es que es Presidente de la República hermana del Paraguay. Y que sedujo y embarazó a una menor de edad, ya que tenía 16 años. Y que en verdad, aunque sea de oficio, tendría que tener juicio por violar a una menor, poco importa que la relación haya sido consentida (aunque la chica admite que él la llenó de palabras bonitas para acosarla, pero ésta es la palabra: eso fue un acoso.
Él se queja ahora del tema de la castidad. Interesante. Porque casi implica que esta es una relación que salió a la luz, pero, por lo menos para mí, es casi seguro que hubo otras relaciones anteriores o posteriores. Lo cual no hace más que dar cuenta que es un hipócrita. Y un psicópata sexual, si es cierto.
En mi mente viene el asunto del obispo Juan Carlos Maccarone, en Santiago del Estero. Éste fue filmado manteniendo una relación con un joven, al que extorsionaba diciéndole que le conseguiría trabajo.
Más allá de, volvamos, el consentimiento, ¿esto no da para una acción penal? ¿Por qué siempre los clérigos católicos tienen tantas garantías ante la ley para escapar de las sanciones que a cualquier otro hijo de vecino les caerían como gato en bolsa?
Y sinceramente, si tanto les molesta el voto de castidad... piénsenlo bien antes de hacerse sacerdotes. La vida es sacrificio para todos. ¿O tan poca fe tienen?
Está bien que ellos se esconden en la excusa de que la Iglesia es santa y pecadora. Es cierto. Pero eso no quiere decir que no se deba perfeccionar, que los cuadros que más deban controlarse sean los de la jerarquía.
Signo de esto es lo que pasa con los Legionarios de Cristo, cuyo fundador tuvo incontables acusaciones de abusos, violaciones y vejaciones de seminaristas, pero claro, protegidos por Juan Pablo II, ¿qué les iba a pasar?
Esto no es la Iglesia de Cristo, es claro. Yo sigo pensando que en no mucho tiempo, esta Iglesia va a desaparecer, por el mismo peso del pecado que llevan adelante sus pastores.
Yo rezo porque el Espíritu la ilumine en lo más profundo. No por ellos mismos, porque nada de lo que hacemos lo hacemos por nosotros sino por Dios, por ser enviados por Cristo al mundo a anunciar la Buena Noticia.
Pero estas contradicciones entre la Palabra predicada y el testimonio mostrado hace invalidar todo. Porque algunos comprendemos que la Verdad es superior a todos ellos, sobre todo, a nosotros mismos, y que nunca estaremos a su altura. Pero estos mismos son quienes se ponen en un púlpito a condenar con su dedito acusador a quién no vive como ellos quisieran vivir.
Porque en el fondo, se les nota, son simples resentidos, fracasados que han optado por ser sacerdotes, pero no llevan a Jesús en su corazón. O aprovechadores, viendo el respeto que solían despertar los sacerdotes en la sociedad (y que aún despiertan entre la gente más humilde y confiada, que son de quienes estos hdp abusan).
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sábado, noviembre 29, 2008
CONTRADICCIONES 0 1 COR. 7, 25-28
A veces me divierte (estoy siendo irónico) como los sacerdotes, frailes, gente consagrada en general, tiene una visión tan distorsionada de la fe. La mayoría de ellos ni siquiera pueden llamarse cristianos. Son personas que no creen, o si creen, su fe es meramente lógica. Es una fe racional. Es una fe que no es fe. Y aunque dicen pertenecer a la Iglesia, son fervientes enemigos de Ella.
Bueno, mi fe tampoco es fe, muchas veces. Pero al menos me cuestiono lo que creo, pero me cuestiono pensando en si lo que hago es propio de un seguidor de Cristo o no. Lo peor es que usualmente no. Generalmente no. Soy demasiado débil y demasiado cómodo para, por ejemplo (siguiendo a tema con lo de ayer, que una vez al año me entran reflexiones sobre ese tema) hacer cosas sin esperar recompensa. Después de todo, Jesús dice: "El que hace cosas para los hombres, recibirá la recompensa de los hombres".
¿A qué venía esto? A que ellos, digo, tienen una visión restringida de las cosas. Como si la riqueza infinita del Poder y la Bondad y la Misericordia de Dios, se redujera a lo que piensan sus pequeñas, pobres e insípidas cabecitas. A veces perversas, también.
Yo en mi vida no hago más que cumplir con lo que Pablo dice en esa cita bíblica, pero siempre viene algún iluminado (en este caso, un fraile y sacerdote franciscano) que te cuestiona toda tu vida y te dice: "La verdad que no te entiendo, Luisito (a mí el diminutivo me puede poner los pelos de punta). Decidíte: o te consagrás, o te casás".
Mirada estrecha si solo podés optar entre dos opciones remanidas. Pero es que ellos ni siquiera creen en lo que dicen creer. Por eso su camino es más fácil, muchas veces. Porque dice Jesús: "Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran".
Muchos veces uno ansía que las cosas sean fáciles. Pero no, si eso pasa no estamos con Dios. Dios es relumbrar aunque nuestra vida sea un caos y aunque continuamente sintamos que el mundo se nos viene encima. Porque se sabe que en medio de nuestras tormentas y vacilaciones, es cuando Dios nos estira su mano y nos sostiene.
Pero de esto, los consagrados no te hablarán. Te hablarán de leyes y si no cumples los 10 mandamientos (¡que están muertos porque ahora vivimos en la Ley del Espíritu!) y si no les mantienes sus vicios y si no cierras los ojos cuando se acuestan con niños o niñas (sólo así se entiende un caso como el del Padre Grassi, un tipo que si no fuera porque a la Iglesia se le tiene excesivo respeto, por miedo, política, comodidad o lo que fuera, y el no fuera un sacerdote, estaría preso desde hace mucho)... no sos parte de la Iglesia. Pero sus palabras serán huecas, son huecas, porque no parten de una vivencia, no parten del testimonio personal, que se da en las sombras, no desde las graderias o desde el púlpito, donde los hombres puedan halagarnos (y volvemos a las recompensas de este mundo).
Pero esas estrecheces hablan de quienes somos nosotros, el Pueblo de Dios, y quienes son ellos, los que se creen Elegidos. Ellos ansían los grandes palacios y que les digan "Señor" o "Mi Señor" (monseñor). Todo lo que Jesús explícitamente dijo que no buscaran.
En fin, que simplemente mis palabras no obren en contra mía, jajajaja. O que sepa ser hermano de todos (como lo espero de todos los que tenemos fe) sin importarnos en lo que creen, en lo que esperan, lo que votan, la clase social, el país, etc.
Saludos y que anden bien. Paz a todos (en un día que estoy aún en busca de recuperar mi serenidad ;)
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viernes, noviembre 28, 2008
SOBRE EXPECTATIVAS Y OTRAS YERBAS
Hoy me decía, estando en el trabajo, en base a algunas cuestiones que traían algunas personas, consultas que se me hacían. La primera fue: "Hay cuatro (4) psicólogas en el trabajo. ¿Por qué no les consultan a ellas? Y si no, tienen una iglesia a tres (3) cuadras: hablen con el cura, si no".
Desde ayer que estoy un tanto alterado por la gente que es como es, pero no debería alterarme tanto por cosas que no puedo manejar.
Pero bueno, ¿a qué se relaciona el ayer con el hoy? A algo que hace un tiempo conversaba con un amigo por el chat, el "hacer bien sin mirar a quién" y "el hacer bien sin esperar recompensa".
El tema es que estas personas, dos (2) vinieron a consultarme distintos quilombos personales. Personas que, usualmente, no conversan conmigo, así que me extrañó mucho. Pero bueno, puse mi mejor voluntad y les di mi parecer.
El asunto es que si uno está mal, esto le pasa a la mayoría de los que nos pasamos escuchando a los que tienen quilombos y a veces muy jodidos (aunque algunos no lo quieran ver así, digo, entre las personas que conocen a aquellas que vienen a contar esas cosas), ¡NO TIENEN NI DOS (2) MINUTOS PARA ESCUCHARNOS!
No es obligación hacerlo, claro, pero al menos, ¡respeto! Está bien que uno se conoce y tarde o temprano se le pasa lo que le molesta, sea porque no le da importancia o porque sabe como Julio Humberto Grondona que "todo pasa".
Y respeto sería que al menos digan esas personas, si no quieren escuchar: "No me molestés. No quiero escucharte. Ya estoy bien. No me bajoneés. Etc.".
Y no digo que nosotros no hagamos esto con gusto, porque nos encanta que a las personas que conocemos se sientan mejor, pero no parecen entender que uno ha dejado cosas de hacer, se ha hecho un tiempo para estas personas, ha padecido en serio con los horrores que nos contaban que padecieron.
Entonces esta persona con la que conversábamos de este tema me preguntaba: "¿Para qué ser bueno?" Yo habitualmente, más en un día de fastidio, no tengo respuesta para esto. Es obvio que ese camino, como dice Jesús, es un camino pedregoso y difícil.
Pero creo que en lo que erramos es, más bien, en las expectativas adjudicadas a las personas. Las personas, todas nosotras, somos fallutas. Falsarios. Hipócritas. Cómodos. Rompemos nuestra comodidad pero hasta ahí nomás.
Lo que se espera y lo que es son dos cosas distintas, porque, digamos, a mí personalmente me duele cuando una persona me dice "mirá, te estaba buscando porque quería conversar cosas con vos y no estabas" (para esto, hay miles de razones, empezando porque nunca estoy mucho rato en un lugar, ni siquiera en el trabajo). Pero yo apenas insinúo eso ante algunas personas, las más perversas de ellas hasta te dicen: "sabés que mi aprecio está siempre con vos", pero siguen sin estar si querés, simplemente, conversar algo, descargarte.
Y esto no es ir de víctimas. Ninguno es víctima. Uno pone demasiadas expectativas en los otros, por eso, los que salen adelante son los que toman con el adecuado cinismo a los demás, sabe que todos tienen un reverendo hijo de puta dentro, alguien que se caga en los otros, y simplemente se hacen los humildes cuando se sienten o están en la lona.
Pero hace poco pasaron un capítulo de Joan of Arcadia, que no digo me iluminó, sino que puso las cosas en su lugar. Resulta que a la protagonista su novio la engaña y se acuesta con otra chica (Joan es virgen, a todo esto, aunque no sea católica ni nada, y aún así Dios la elige para aparecérsele). Ella lo descubre y llora por el tremendo engaño al que fue sometida y por la confianza rota. Dios, en la forma de una señora mayor, se le aparece en el colectivo y la consuela diciéndole: "Todos te podrán fallar, pero Yo soy el único que siempre estará contigo".
La vida de la persona que tiene fe, resulta ser así de simple. Uno sabe que no debe esperar nada de nadie, menos hacerse expectativas. Mírenlo al padre Mario Pantaleo, como sufrió, pese a curar a tanta gente. Fue perseguido por los políticos, los militares, los civiles y la Iglesia a la que amaba.
Este destino nuestro, amigo mío (sabés que hablo de vos) es un destino de solitarios. Las personas pasarán, pero Dios no pasará. El tema es que uno espera cosas que no se ven en el momento, y a veces ni siquiera se ve en nuestra vida. En Joan of Arcadia, hay unos cuantos capítulos que hablan de eso, de que uno obra cosas, movido por el Espíritu, pero sólo Él ve las consecuencias finales de lo que obra, sólo Él sabe por qué se permite el mal, la destrucción, la muerte, el sufrimiento, la pena, la amargura, el llanto, el dolor, la angustia, la opresión. Son tantas cosas que seguro no alcanzo a contarlas. Y con esas cosas tenemos que convivir a diario.
Nadie entiende ni entenderá que nuestra vida es un continuo sufrimiento, y muchas veces avanzamos y tratamos de ayudar a avanzar, a través del dolor que nos impide movernos, pero como el padre Mario, aún en nuestro lecho de muerte podemos ayudar a alguien, sanarle el cuerpo y el alma.
Tal vez nuestro destino es ese, ser una balsa, o mejor, un oasis en el camino. Sí, realmente, eso somos. Porque muchos vienen a beber de nuestras aguas, se sacian de nosotros, pero su fin no somos nosotros. Su destino está en cruzar el desierto, ir de un lado a otro. Con nosotros reponen fuerzas, pero no pueden quedarse a nuestro lado para siempre porque morirán. Simplemente les refrescamos, les bañamos, les hacemos sentir mejor por un rato, les damos un poco de agua en medio de tanta sed. Pero hay, más allá del desierto de su vida, otro lugar con agua abundante y una comida que no acaba.
Y esto de qué salía, se preguntarán alguno de ustedes. Nada, alguien hablando como siempre de castillos en el aire, por no decir florecitas de jardín, pero que nunca ha estado cuando pudo estar. O que siempre encontró una excusa. Como si todos no tuviéramos un tiempo limitado. Y no pido recompensa por lo hecho, a ver si se entiende. Pido sinceridad, pido el decir "mirá, ahora estoy bien, no quiero problemas tuyos". Y punto.
Porque uno es humano, uno busca, a veces, un hombro donde asentar la cabeza. Pero bueno, Jesús mismo dice: "El Hijo del Hombre no tiene donde reposar la cabeza". ¡Qué nos queda a nosotros!
Pero bueno, las cosas son así. Esto es un camino de solitarios. Hay que entenderlo. Aunque duela. Aunque cueste.
Porque todo esto no significará que aún esa misma persona, mañana se acerca con otros problemas, y uno le escuchará "como un boludo", como diría la gente, atentamente. Y se preocupe e intente echarle una mano.
A lo mejor todo sería mejor si uno no se molestara por nadie. Pero iría contra la naturaleza propia, y hay que bancársela.
Esto me hace acordar un relato que alguna vez prefiguré y escribí a medias: uno era un perro abandonado. Algunas veces, uno se sentía, porque lo era, el rey de la cuadra. Pero eso no quitaba que uno era un perro de la calle, y que todas las personas se lo hacían saber, tirándole piedras o tiros a las costillas. Lo divertido era que a veces eran las mismas personas a las cuales uno, como perro caballero que era, les protegía de otros perros cuando vagabundeaban por esa zona de perros abandonados. Y uno a veces se entusiasmaba con la calidez de tal o cual persona, pero eso no quitaba que en cuanto uno quitaba un pie del basurero inmundo que era su mundo, esa persona se lo tratara de sacar de encima de todas las maneras posibles.
Esto quiere decir, si las personas te necesitan, te encuentran a cualquier hora. Si no te necesitan, andáte a la mierda y no me jodas puede ser lo más humano con que nos encontremos.
Y uno insiste, pero ambas imágenes son correctas. Uno es lo que somos, otro es como nos hacen sentir.
Y nada, que esta descarga llega a su fin. Hasta la próxima.
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martes, septiembre 30, 2008
DONDE ESTÉ TU TESORO...
Yo debo ser medio zombie, pero la verdad que no me importa demasiado qué va a pasar con la crisis económica.
Si el hombre no pusiera su amor por las riquezas, por las posesiones, por el sobresalir, por el "ser alguien", por creerse más que alguien, así sea un pobre viejo tirado en la calle porque para la familia era un estorbo... estas cosas no pasarían.
Les mata el amor a lo material.
Y ahora, literalmente.
Uno de la gente le dijo a Jesús: "Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo."
Él le respondió: "¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?". Y les dijo: "Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes."
Les dijo una parábola: "Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: "¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?"
Y dijo: "Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea."
Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?"
Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios."
Lucas 11, 13-21
"No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.
Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón."
Mateo 6, 19-21
Saludo grande y que anden bien
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miércoles, abril 16, 2008
SER LUZ
Uno pocas veces piensa lo anterior, en que en plena oscuridad la sombra ya no existe, porque la sombra solo existe cuando hay luz.
Uno muchas veces, como cristiano, quiere volverse luz, es decir, referencia de la Luz Divina, y se tropieza con que, cuando más uno se empeña en ser uno, más sólido se vuelve ante esa luz, es decir, más bloquea el paso de la luz con su propio cuerpo y crea un cono de sombra.
Estas sombras asumen formas muy diversas como (siempre) el pecado, la concupiscencia, el deseo, la avaricia, los celos, el orgullo, la soberbia, la lubricidad, la vanidad, la falta de una fe cierta.
Es decir, cuanto más uno es, cuanto más insiste en la importancia de eso pequeñito que uno es, menos uno es, y más deja pasar aquello que es lo esencial en la vida de toda persona, la Luz que ilumina a todo hombre.
Pocas veces uno se da cuenta que para que eso pase, uno debe como volverse transparente, anonadarse, de tal modo que uno simplemente sea un cáliz para que la Luz que viene de Dios pase a través de uno sin problemas, y de ahí ilumine a otros hombres.
¡Tarea difícil en esta época de tanto individualismo, de tanto "querer ser" (o aparentar, que viene a ser lo mismo en algunos casos), de tanto sumarnos a causas perdidas o de poca importancia, de tanta apatía espiritual, de tanto ataque y denostación a cualquier manifestación de fe sincera!
La misma Iglesia desoye muchas veces el mandato profético dado por Jesús a su Iglesia, y con su silencio, calla y convalida horrores y herejías, por miedo o conveniencia. Hace simonía cuando declara santos a personas que en su vida nunca fueron tales, sino simplemente por la aparición del Amo Dinero, que tantos corazones corrompe.
Pero querés vivir tu fe sinceramente, y recibís palos como gato en bolsa, y te dicen que sos un fanático y que no entendés la fe.
¿Pero dejar de lado el orgullo y tantas cosas? Nada de nada. Estamos demasiado subidos sobre nuestros propios hombros para notarlo.
sábado, marzo 22, 2008
PASCUA (II)
Continuamos :)
Y si hay una cosa que debe agregarse a éstos conceptos, es deslindarlos del concepto moderno de "héroe". Jesús no fue un Bruce Willis ni un Mel Gibson, nadie hubiera sabido de su sacrificio si no fuera por sus discípulos y las revelaciones que fueron recibiendo del Espíritu Santo que les había sido dado. Jesús murió de una forma ignominiosa, y desde que lo tomaron los judíos en el Monte de los Olivos, su suerte estaba sellada. Y para alejarlo más del concepto de "héroe" que nos transmiten la TV y el cine, es que no murió de un balazo ni de una estaca clavada en el corazón ni en medio de una explosión. Al contrario, fue una larga, jodida noche la que pasó, apaleado, azotado, desangrado, hambriento, desnudo, desamparado, desprotegido, maldecido por todos los "puros" de la población, despreciado.
No es una muerte muy "heroica", máxime si a lo sumo cuando muere lo mirarán con lástima, porque nadie levantó una mano por Él, nadie se ofreció en lugar de Él. La muestra simple y sencilla de mostrarnos que Él hizo por nosotros primero, algo que nadie había hecho antes.
Pero lo hizo, porque mayores cosas espera que hagamos nosotros.

Y como muestra esta ilustración mía, la fe cristiana es cargar con la cruz, que implica, en muchos sentidos, anclar bien las raíces en el lugar donde estamos (comprometernos con nuestro tiempo y nuestra historia) y en saber que también tenemos que tener un mirada puesta al Cielo, escuchando la inspiración divina que nos viene del Espíritu de Dios. O como diría Angelelli, "un oído puesto en el pueblo, y otro en el Evangelio".
Y sobre todo piensen que estas son reflexiones mías, que intento aplicar en mí, y no tienen por qué necesariamente constituir la verdad, el modo de vivir la fe para todos.
Realmente, muy Felices Pascuas para todos. Besos y abrazos y que anden bien.
- Sacrificio, como dije, es consecuencia de algo, un entrenamiento espiritual, literalmente. "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, no puede ser mi discípulo. El que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si se pone a edificar una torre, no se sienta primero a calcular todos los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se pone a considerar si con diez mil hombres, podrá hacer frente a veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey todavía esté lejos, enviará una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14, 26-33).
- El entrenamiento es como cualquier cosa. Yo no puedo ser buen jugador de vóley de un día para el otro, si no sé las reglas del juego, si no practico saques con el brazo, si no aprendo a golpear la pelota, a saltar, a bloquear, a rechazar, a pasarla la pelota a un compañero, a recibir. Y jugar partidos, uno, dos, cincuenta, cien, mil. O para ser un buen jugador en cualquier juego de computadora.
- Y la fe no escapa de esto. Yo puedo tener buenas intenciones, pero como dice el dicho, "el camino del infierno está lleno de buenas intenciones". Por empezar, debo empezar a ver más allá de mi nariz, observar con ojo atento si mis acciones no son injustas hacia cualquier persona, si no siembro rencor en lugar de armonía, si no lastimo o hiero por orgullo, prepotencia o cobardía, etc.
- Para superar la cobardía, porque luego del ejercicio anterior lo importante es llevarlo más allá de mi esfera personal, debo aprender a convivir con miedos, mis temores, mis resquemores, mis dudas. Saber que están, que no nos van a hacer las cosas fáciles, pero que no nos justifica no hacerlas.
- Y lo que se debe hacer es denunciar la injusticia de las cosas que se suceden a nuestro alrededor. "Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor" (Isaías 61, 1-2; Lucas 4, 18-19).
- Jesús sudó sangre. El miedo, el temor, las dudas frente al destino que se prevé, están en cualquiera. Pero uno toma eso, su pecado, su concupiscencia, su lubricidad, su pesimismo, sus dudas, sus temores, sus anhelos contrarios a la vida que se ha elegido, y se las ofrece a Dios: para que Él los transforme y de frutas buenos y nuevos de ellos.

Y si hay una cosa que debe agregarse a éstos conceptos, es deslindarlos del concepto moderno de "héroe". Jesús no fue un Bruce Willis ni un Mel Gibson, nadie hubiera sabido de su sacrificio si no fuera por sus discípulos y las revelaciones que fueron recibiendo del Espíritu Santo que les había sido dado. Jesús murió de una forma ignominiosa, y desde que lo tomaron los judíos en el Monte de los Olivos, su suerte estaba sellada. Y para alejarlo más del concepto de "héroe" que nos transmiten la TV y el cine, es que no murió de un balazo ni de una estaca clavada en el corazón ni en medio de una explosión. Al contrario, fue una larga, jodida noche la que pasó, apaleado, azotado, desangrado, hambriento, desnudo, desamparado, desprotegido, maldecido por todos los "puros" de la población, despreciado.
No es una muerte muy "heroica", máxime si a lo sumo cuando muere lo mirarán con lástima, porque nadie levantó una mano por Él, nadie se ofreció en lugar de Él. La muestra simple y sencilla de mostrarnos que Él hizo por nosotros primero, algo que nadie había hecho antes.
Pero lo hizo, porque mayores cosas espera que hagamos nosotros.

Y como muestra esta ilustración mía, la fe cristiana es cargar con la cruz, que implica, en muchos sentidos, anclar bien las raíces en el lugar donde estamos (comprometernos con nuestro tiempo y nuestra historia) y en saber que también tenemos que tener un mirada puesta al Cielo, escuchando la inspiración divina que nos viene del Espíritu de Dios. O como diría Angelelli, "un oído puesto en el pueblo, y otro en el Evangelio".
Y sobre todo piensen que estas son reflexiones mías, que intento aplicar en mí, y no tienen por qué necesariamente constituir la verdad, el modo de vivir la fe para todos.
Realmente, muy Felices Pascuas para todos. Besos y abrazos y que anden bien.
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PASCUA (I)
Son más tips que otra cosa:
- Es difícil atraer a alguien a la fe, empezando por la muerte. Digamos, la idea de morir no le gusta a la mayoría de la gente, comenzando por quienes dicen que "tienen fe". Esos le tienen terror a la muerte. No creo que sea necesariamente por falta de fe. A veces, creo, es simplemente por problemas de conciencia.
- Parafraseando a San Pablo, uno den gracias que muera por un ser querido. A veces puede morir por un benefactor. Pero no morir por perfectos desconocidos. Y eso es lo que hace Jesús. Hasta por personas de moral dudosa. Y como dirían las personas prejuiciosas de que estamos acompañados y que no pocas veces somos nosotros (ay, si nos miráramos con la lupa que miramos a los demás), "gente despreciable" (como nosotros, empezando por pensar así).
- En verdad, como todas las acciones que ejecutamos, son consecuencia de algo. Uno no descarta los arrojos temerarios, el sacrificio espontáneo, pero en general, se trabaja en determinados aspectos que conforman determinadas acciones, se persevera en un camino, para llegar a estar listo para el momento adecuado: el camino del sacrificio.
- Sacrificio, en el fondo, es entender la vacuidad de las cosas, de las posesiones, de los sentimientos que nos atan y no nos dejan crecer. Que ponemos como valiosas circunstancias, personas, cosas, antes que sentirnos bien, estar bien de salud, intangibles salvo cuando eso no está, constituyéndonos a través de posesiones.
- Aceptar que esas cosas por las que nos sacrificamos (casa, dinero, trabajo, auto, etc.) pueden tener, en verdad, poca importancia, es lo que lleva a muchos, a la mayoría, a rechazar la idea esencial de la fe (desde laicos hasta los sacerdotes del Vaticano, digo): el desprendimiento, el priorizar al otro antes que a satisfacernos nosotros mismos. "Una sola cosa te falta: ve, vende todo lo que tengas, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme" (Marcos 10, 21; Lucas 18, 22).
- Alguna vez, nuestra luz se apagará. Si nuestro fuego lo gastamos en cosas que hacen grandes fogatas, lanzan grandes llamas, pero luego de consumidas, son sólo cenizas, dan cuenta de en qué y cuánto malgastamos nuestro tiempo.
- Por el contrario, dejar que nuestro fuego sea humilde, que sea poca cosa ante el sol, pero de una luz tenue pero clara en la oscuridad, es lo más alto que podemos aspirar. O que de nuestro fuego otros puedan encender el suyo, que es, en verdad, la misión del cristiano, el fuego que arde por la llama divina que habita en nuestro corazón, y que debe volverse a él para encontrarse, como tantos santos y santas (no todos reconocidos oficialmente) lo han hecho. "Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos" (Mateo 28, 19).


Continúa...
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lunes, julio 30, 2007
PROFESION DE FE
Y aún en el fondo del abismo, en lo más bajo de mí, donde mis miserias cotidianas me sepultan, donde mi conciencia me atormenta por todo lo bueno que no he hecho, donde la soledad es el destino lógico a una vida de desatinos relacionales... creo en Ti.
Y aunque mi boca alimente reproches ciertos o no, aunque a veces las dudas (no de Ti, sino de lo que quieres para mí) reaparezcan con fuerza, aunque no sepa, no entienda, o no quiera entenderte... creo en Ti.
Creo en que me das sentido cuando el sinsentido me gana.
Creo en que me levantas cuando agobiado de mí estoy en el suelo sin ganas de más.
Creo, en la risa y en el llanto.
Creo, en el gozo y en el dolor.
Creo cuando no creo.
Creo cuando la vida me hace estallar de alegría.
Creo cuando la pena me dobla al medio.
Creo, pero aumenta
mi fe para seguirte
mi esperanza para confiar
mi caridad para amarte en mi prójimo.
Y perdona
cuando no te oigo, cuando me cierro, cuando dejo hablar a mi soberbia, y me alejo de Ti y de mis hermanos.
Y abrázame
cuando me siento solo en la lucha,
cuando me siento perdido,
cuando no tengo adonde ir.
Sosténme
cuando el abismo se abre bajo mis pies.
Y sobre todo
a Ti, que eres el Amante por excelencia,
ámame.
Como todos los días,
como cada día.
Y aunque mi boca alimente reproches ciertos o no, aunque a veces las dudas (no de Ti, sino de lo que quieres para mí) reaparezcan con fuerza, aunque no sepa, no entienda, o no quiera entenderte... creo en Ti.
Creo en que me das sentido cuando el sinsentido me gana.
Creo en que me levantas cuando agobiado de mí estoy en el suelo sin ganas de más.
Creo, en la risa y en el llanto.
Creo, en el gozo y en el dolor.
Creo cuando no creo.
Creo cuando la vida me hace estallar de alegría.
Creo cuando la pena me dobla al medio.
Creo, pero aumenta
mi fe para seguirte
mi esperanza para confiar
mi caridad para amarte en mi prójimo.
Y perdona
cuando no te oigo, cuando me cierro, cuando dejo hablar a mi soberbia, y me alejo de Ti y de mis hermanos.
Y abrázame
cuando me siento solo en la lucha,
cuando me siento perdido,
cuando no tengo adonde ir.
Sosténme
cuando el abismo se abre bajo mis pies.
Y sobre todo
a Ti, que eres el Amante por excelencia,
ámame.
Como todos los días,
como cada día.
lunes, abril 09, 2007
RESURRECCIÓN
(Ideas personales sobre estos tiempos... En nada reflejan opiniones de la Iglesia ni de teólogos ni sacerdotes ni de otros cultos cristianos... Es mi mirada sobre la Pascua de Resurección)
Y a la nada y a la sinrazón de la Cruz, le sigue esto... Ser nuevo y ser el mismo... Plenificarse, ser quién estamos destinados a ser.
Y para los discípulos, para quienes creemos, nuestra fe no tendría sentido sin la Resurrección de Jesús. Como dice San Pablo, "si Cristo no resucitó de entre los muertos, vana es nuestra fe".
Y creer es aceptar esto:
Aceptar la esperanza de un nuevo amanecer.
De que seremos perdonados de nuestras innumerables caídas.
De que para ser perdonados, debemos aprender a perdonar.
Y no podemos aprender a perdonar, si no sentimos, si no ponemos nuestra fe, nuestra voluntad y nuestra inteligencia en ver que no podemos conocer a Dios si no es por el perdón que él obró en principio por nosotros.
Y yo lo entiendo así, es decir. Y también mi rabia y mi bronca viene por esto.
Por sentir que Dios me quiere demasiado y me pide algo simple, tratar a los demás con la misma misericordia con que él me trata.
Y aunque lo intento, y aunque a veces lo logro... siempre en algún momento me salta la ficha... y la verdad es que me jode, porque eso quiere decir que aunque he muerto con Él, aún no nací con Él.
Pero Él sí y me espera. Y con los brazos abiertos. Y así con todos y cada uno.
Y nos dice que en el fondo, Él entiende nuestras limitaciones, y no por haber sido uno de nosotros, porque eso sería limitar el conocimiento ilimitado de Dios sobre la realidad de algo que Él mismo creó.
Nos entiende porque nos ama.
Nos perdona porque nos ama.
Sigue a nuestro lado porque nos ama.
Nadie que haya amado alguna vez realmente a alguien (a alguien que no es de su familia, digo, o sea, excluyo el amor a padres, hermanos, hijos, parientes y, diría, hasta amigos de la infancia, aquellos que son como hermanos para nosotros) es ajeno a esto.
Y se puede uno dar cuenta con esas personas que conocimos ya de más grandes y que hemos decidido quererlas de grande.
Porque como dice una amiga mía, implica un sacrificio que uno de otra manera no se da cuenta.
Que amar es aceptar al otro como es.
Y aceptarlo quiere decir: tenerle paciencia en las cosas que normalmente no se las tendríamos a otros.
Y confiar en que si su cariño y su afecto son sinceros, no es sincero cuando hace o dice cosas que nos hieren.
Y a veces refrenarse antes de mandar a esa persona que se quiere a pasear porque, si esa persona siempre opta por no contar qué le pasa, saber encontrar el momento de poder conocer su verdad.
Y se puede decir que es también aprender a conocerlo, saber rastrearle en sus silencios y en sus palabrerías.
Y alentarlo.
Y estar siempre atentos a acompañarlo, aunque nos llame a las 3 de la mañana porque se siente destrozado.
Esto que hace uno con un amigo (excluyo el enamoramiento o el amor de pareja porque, sobre todo en edades más jóvenes, cuando se va el entusiasmo de aquello que a uno le llamó la atención del otro puede llegar a pasar -como leí el otro día en una cita a alguien cuyo nombre no recuerdo- que lo que nos hacía amarle hoy nos hace odiarle), Dios obra con nosotros.
Y si descubrimos esto, y como siempre Jesús nos dice que lo Él obra en nosotros nosotros debemos hacerlo con los demás, es decir, si vemos que Dios nos ama y nos tiene paciencia como uno se la tiene a un amigo de verdad, de la misma manera debemos obrar con el otro.
Porque el cristiano no viene a castigar, sino a salvar.
Viene a tratar de que el peor criminal no se condene en el infierno sino que se salve.
Y es obvio que la mayoría no entienda esto. Porque esto no es propio de una sabiduría humana, sino de una sabiduría que está más allá de la ley y la justicia humana, por más perfectas que ellas fueran.
Pero Jesús lo dice todo el tiempo: misericordia quiero, y no sacrificios. Perdónalos, porque no saben lo que hacen. No tengas en cuenta sus pecados, sino su fe.
Y como dice Chesterton, si uno se dice cristiano se acerca con un palo a un pecador para pegarle, sino para, por ahí, ofrecerle la última ayuda, el último sostén para que ese hombre no se hunda en el Abismo.
Y si Jesús resucita, por lo menos para mí, nos está diciendo eso:
Que aunque nuestros ideales de justicia y paz parecen destinados al fracaso en este mundo, al final triunfarán.
Que cuando la violencia y la fuerza y el odio y la guerra pasen, lo único que podrá levantar a la humanidad de entre las ruinas es el amor que podamos dar.
Y a esto también remite la resurrección... A que el amor no muere, a que el amor persiste. Y que aunque sea imperfectamente, si en un brevísimo instante el amor de Dios nos inundó, sabemos que amar es la única verdad en esta vida, lo único por lo que vale la pena vivir y morir.
"Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías limitadas... Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después conoceré tal como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor."
1 Corintios, capítulo 13, versículos 1-9, 12c-13.
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viernes, abril 06, 2007
CUARESMA III Y FINAL
Nosotros, es claro, hacemos uso y abuso de nuestra libertad, y obramos como el hijo pródigo, que un día se aburre de su padre y se va de la casa, no sin antes cobrar su parte de la herencia, y malgasta todo su dinero entre comilonas y prostitutas, y cuando no le queda nada y por primera vez tiene que ganarse la vida, se da cuenta que las cosas no son muy sencillas y decide volver a su padre porque con él vivía bien.
Y lo de la Cruz es un destino que tenemos que tenerlo presente cuando decidimos romper con el pecado en el que nos sentimos tan cómodos viviendo, porque si no estamos serenos de espíritu, si no confiamos verdaderamente en Él, es posible que las circunstancias nos avasallen.
Sobre todo cuando, como digo, todo lo que soñamos y por lo que peleamos, se derrumba como un castillo de naipes.
Y ahí es cuando uno debe pensar cómo se sintió Jesús cuando vio como sus discípulos (nosotros) le abandonaban cuando las cosas se ponían feas (cuando nuestra fe en Él nos pone exigencias que no siempre estamos dispuestos a acatar), cuando lo negaban (cuando callamos nuestra fe ante otros que no piensan como nosotros o no creen o sus creencias no son las nuestras), o cuando estaba solo frente a los distintos jueces y veía que todo conducía a su inevitable muerte, a un destino que Él no se sentía seguro de asumir (volvemos al tema de las exigencias, como la que pone Jesús al joven rico para que deje toda su riqueza y le siga, porque los mandamientos los había cumplido completamente desde chico, y no puede desprenderse de sus bienes materiales... Cómo pasa seguido eso), pero que poniendo su confianza y su amor en su Padre, se entrega a Él, para así entregarse por completo a los hombres, a quienes a pesar de nuestras indignidades y flaquezas, somos hermanos suyos en su humanidad.
Y vuelvo a lo del principio... No importa cuán noble o desinteresando o ganas o voluntad o tiempo le hayamos puesto a nuestra empresa... Siempre para el cristiano está latente la posibilidad de que TODO termine en la Cruz, rodeados y confundidos con los malhechores, destinados a ser sepultados en una fosa común con ellos (como marcaba la ley judía).
Y esto puede asumir distintas formas, y son, creo, nuestros estigmas, lo poco que podemos tener de común con él: el aceptar las cosas como son, y pese a eso, pese a que todo puede venirse abajo, seguir adelante, seguir peleando hasta el final.
Aunque caminos de muerte y desolación se abran frente nuestro, y querramos volver atrás. ¡Nunca! Porque no peleamos por nosotros mismos, sino por algo superior a nosotros que no es Dios, sino la suerte de nuestros hermanos: el compartir el último gesto de Jesús, el volvernos la víctima propiciatoria por los pecados nuestros y de los demás, de nuestros amigos y nuestros enemigos, el
Porque incluso quienes hacemos el mal podemos decir palabras proféticas como las que dio el Sumo Sacerdote Caifás: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo” (ver Juan, 18, 14).
E incluso sin querer, de un modo misterioso y oculto, podemos estar cumpliendo con la Voluntad de Dios. Lo cual de ninguna manera nos redime de las malas decisiones que tomamos conscientemente: las de crucificar a un inocente, para salvaguardar esa riqueza a la que atamos nuestro corazón, sean riquezas verdaderas o nuestro orgullo o nuestro buen nombre o poder.
Se acabó la perorata por esta vez, que ya escribí demasiado ;).
Saludos Pascuales, en el siguiente Post.
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CUARESMA II
Al resto de los seres humanos que creemos en Él, que estamos demasiado cerrados a Él por temor, que le amamos pero con un amor viciado, por cobardía, por comodidad, por ser nuestra fe puramente racional (“Este universo es imposible que se haya creado solo, por tanto, debe haber una Voluntad Organizadora, un Ser Racional que le ha dado un Orden y un Propósito al Caos, un Ser Superior, y éste Ser debe ser Dios”), necesitamos entender, mitigar de alguna manera la angustia de que mucho o todo de cuanto soñamos no se cumple, porque nuestro amor no alcanza para que ese sentimiento nos consuele.
Y no hablo de cosas materiales en esto de sueños o anhelos (no en mi caso, es decir, que las cosas que me movilizan son otras) sino aquello que cierta candidata presidencial “tomo prestado” de algún documento de la CEA, de construir una patria de hermanos. De sentir angustia y dolor y remordimiento por las cosas que no suceden, ni se concretan. Como les pasa a muchos, tratar de ser mejores cristianos obliga a mirarse y a cuestionarse, y a ver que uno no contribuye demasiado con la realización de sus mismos sueños. Porque uno es demasiado falible, demasiado poco confiable, demasiado poco imbuido en el espíritu de Cristo.
Pero es en la Cruz, en el Viernes Santo donde hallamos una respuesta cabal a cualquier recriminación o lamento que podamos tener por los errores cometidos. Y no hablo tanto de los ajenos, sino de los nuestros.
No hubo persona con mayor compromiso ni preclaridad que Jesús, un hombre verdaderamente de paz, un hombre que caminó predicando y viviendo en amor, con notable coherencia, tanto que fueran hombres que tenían mucho, hasta hombres que tenían muy poco, todo lo dejaron para seguirle o por amarle al escuchar sus palabras y verle vivir.
Y los sueños de Jesús, los esfuerzos de Jesús, terminaron en la Cruz.
Solo, humillado, condenado por mentiras pero previamente señalado por verdades como cuestionar tanto el poder político como el poder religioso de su tierra, y sobre todo de la mezcla de ambos, del poder temporal de quienes debían ser custodios de la fe, que vendían la fe por dinero o posesiones o influencias, y habían mancillado al Templo de Jerusalén (cualquier parecido con lo que sucede puertas adentro en el Vaticano no es casualidad).
Y que cuando lo apresaron, todo el juicio de Jesús es un circo, porque no importaban las pruebas que se presentaran a favor suyo, Él debía morir y eso fue decidido de antemano.
Estas palabras de Él contra quienes mancillaban ese templo material, nos cuestiona hoy en las continuas mancillaciones que sometemos a nuestra persona, o a otras personas. Porque ahora sabemos que el templo suyo somos nosotros.
Esto es, ¿acaso no contribuimos con el mal cuando ponemos nuestra voluntad, nuestra inteligencia, lejos de Él? Y ponerlo lejos de Él es algo simple. Es no amar a los demás ni a nosotros mismos. Es no respetar a los demás ni a nosotros mismos. Es, básicamente, vivir como viven todos: justificándonos diciendo “todos metemos la pata”, “la otra persona me provocó y yo reaccioné como hubiera hecho cualquiera”, “yo lo hice pero vos no sos ningún santo”, etc.
Y vivir como Él vivió implica ir más allá de una vida normal. “Si ustedes aman a quiénes les aman, ¿qué gracia tiene? Eso también lo hacen los paganos. Ustedes, en cambio, amen a quienes les odian” (confrontar con Mateo 5, 43-37).
sigue...
CUARESMA I
Dice la Iglesia que este es un tiempo de reflexión y de preparación para la Pascua. En un ejercicio que no suelo hacer, me puse a pasar en papel las cosas que fui pensando estas semanas. Y como a veces pasan cosas que uno ni espera ni desea (y elevándolo a cosas aún mayores, esto es, de algo pequeño y propio, deducir otras cosas que, cree uno, pueden aplicarse a cosas más profundas) dice uno lo siguiente.
Sepan disculpar las incoherencias del texto. Como dije, son cosas escritas en papel a lo largo de unos días, mientras estudiaba unas materias que aún ahora sigo estudiando. Y no siempre conseguía mantener el hilo del razonamiento.
(Igual, seguro meteré mano y empezaré a darle forma mientras paso el texto a digital... Uno ya no pierde sus mañas, je)
Una de las primeras cosas que estoy reflexionando en estos meses, son sobre aquellas cosas que uno espera, tanto de uno como de la humanidad (representada en la gente con la que uno se relaciona, o conoce, o influye en algo más que un círculo íntimo y/o privado, como serían los dos grupos anteriores) .
Y me decía (porque como todo geminiano entablo conversaciones con mi otro yo :D) que debemos estar abiertos a que Dios quiera, permita y/o haga fracasar nuestros proyectos, nuestros más desinteresados anhelos, nuestras acciones más nobles. Y en dos niveles, si se quiere.
Si creemos que Dios nos ama (para liberarnos, alejarnos de la abstracción “Dios es amor”, que dice todo y nada si no creo, si no siento de una manera aunque sea intelectual que ese Amor está dirigido hacia mí y de forma individual) debemos confiar en Él como en toda persona a quién amamos, confiar en que lo que nos pasa no es ni por odio ni por desprecio hacia nosotros, o porque desea nuestro anonadamiento (y obvio cuestiones como que siempre, en todas nuestras acciones, aún las más puras, el pecado está presente; no en vano Jesús nos dice que somos malos.
Pero, agrega en palabras siguientes, eso dentro nuestro, eso roto y corrupto dentro nuestro, no impide que podamos hacer cosas buenas por nuestros hijos (ver Mateo 7,11, al que le interese la lectura de la Biblia).
Esto, para mí, enlaza con el otro nivel: sólo Dios sabe las consecuencias de nuestros actos, la hilación completa de los hechos históricos (que para él son solo uno en un instante que no es de tiempo, y que no podemos ni prefigurar porque al ser seres limitados, no podemos siquiera prever cómo será algo que no tenga ni tiempo ni espacio -que como dicen los físicos, no pueden existir el uno sin el otro-).
Y sólo Dios sabe de qué hecho que hagamos sacará algo bueno. Y nosotros, mientras tanto, vemos que se derrumban las cosas en las que pusimos tantas fuerzas, ganas, tiempo que no se tiene. Y nos desalentamos y tenemos ganas de renunciar a todo.
Y Jesús, con serenidad, nos dice: “No anden, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los paganos; pues ya sabe su Padre celestial que tienen necesidad de todo eso. Busquen primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura. Así que no se preocupen del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal”.
Con respecto al primer punto, puedo señalar algo que cualquiera que haya amado y se haya sentido amado sabe. Tomando a Dios como un ente real, en el que se cree y se tiene fe, digo que cuando se ama y uno se siente amado, tocado, en continua conversión por el amor de Dios, no racionaliza esto: lo vive.
sigue...
domingo, diciembre 31, 2006
FELIZ AÑO Y UN DESEO PARA EL 2007
Le debo esta reflexión a una de mis tres mejores amigas que es Julieta (y que no creo ni que en chiste pase por acá, así que puedo hablar libremente de ella sin decir nada que pueda disgustarle).
Una de esas cosas que a ella, por ejemplo, no le enojan pero... le molestan de mí, es que, desde que la conozco (y vi sus estados de ánimo desde estar MUY arriba hasta estar tirada por el suelo) siempre mantuvo un espíritu, una mirada, superior a cualquier persona que conozco.
Y eso también hace que cuando estoy con ella, muchas veces me quede callado sin decir nada porque con ella es de las pocas personas que siento que rellenar el silencio con pavadas es humillarla. A ella siempre la contemplo y si en mí hay algo que alguna vez quisiera tener de sí, es su serenidad, aún en lo más bajo y tormentoso de la vida.
Ella, obvio, no se ve así, me acusa de que proyecto cosas mías en ella (nunca entendí bien el sentido de ésto, y tampoco se lo pregunté, pero a mí me pareció siempre que esto podía traducirse como "pongo en vos todo lo que yo ansío ser y no soy, y teniéndote de espejo, me proyecto hacia vos porque vos sos lo más perfecto en orden a aquello que anhelo". ¿Se entendió? Bueno, eso es lo que siento, jajajaja).
También me dijo que veo ilusiones en ella... y yo digo que si llevo dos milenios viéndolos, entonces. Y yo he estado arriba y he estado abajo, y esta sensación ante ella, de admiración y respeto, nunca se fue. Y en mi noche más oscura he sentido su mano amiga sosteniéndome.
Hoy, charlando con ella, me dijo algo que venía a cuenta con lo que la estimada No Te Salves ha dejado de regalo en nuestros buzones estos días, deseos de paz.
Y aquí vamos a lo que es la paz en el sentido más estricto, no teniendo para nada en cuenta el término político ("período entre dos guerras") sino al religioso.
Como sabrán y los habrán aturdido a algunos en clases de religión, religión viene de un término latino que significa "re-ligar". Para el cristiano, ¿qué es lo que se "re-liga"? La relación del hombre con Dios, la relación que el primer pecado cometido por el hombre (sea el primer ser, o la primer comunidad de seres, que en su yo más íntimo tuvo un alma racional, se pensó a sí mismo, distinguió la existencia de algo más que los deseos animales en sí) perjudicó.
En este estado, la paz significaba equilibrio. Roto el vínculo, el hombre no vivió en paz, porque no estaba equilibrado, al no sentir la presencia de Dios acompañándole, y de ahí entonces, trabajar la tierra, vivir, es todo penoso y lastimoso. Jesús (que en hebreo significa "Dios -Yahvéh- salva"), al ser hombre y Dios, une de una vez para siempre a la humanidad con Dios, de modo que nada podrá romper ya esta unión.
Pero volvamos a la parte de paz sin esta connotación salvífica. Paz es, ante todo, equilibrio. Es aceptar la vida como algo que está lleno de contingencias.
¿Por qué contingencias? Si recuerdan, las tablas de lógica estaban compuestas de estamentos verdaderos y/o falsos. Si algo daba todo verdadero, se decía que era una Tautología. Si daba todo falso, era una Contradicción. Si era a veces verdadero, a veces falso, se decía que era una Contingencia.
En nuestra existencia, una de sus definiciones y que nos interesa es que somos seres contigentes, esto es, como somos, podríamos no haber sido. Ser, existir, es algo contingente, no es algo regido por reglas que se cumplen sí o sí. De hecho, pensemos lo nuestro de esta manera. Durante un millón de años, desde que se calcula que existió el primer hombre, no fuimos, no existimos. Ahora, somos. Pero algún día, más pronto o más lejos, moriremos, y durante muchos millones de años más y para siempre, jamás volveremos a ser.
La Paz, aquella que desde los cristianos hasta los budistas anhelan que reine en el ser de uno, es aceptar esto, entender que como somos, podemos no ser, y que es natural.
Es natural la felicidad y la amargura.
Es natural el llanto y la risa.
Es natural el gozo y el dolor.
Es natural el sufrimiento y la dicha.
La Serenidad de espíritu que muchos buscamos, no se logra de un momento a otro. Muchas veces, me ha pasado, uno creyó que ha perdido el tiempo con ciertas personas o en distracciones que no llevaban a nada positivo nuestra vida. Pero fue una sensación, un pensamiento, una idea que, por suerte, dentro de toooooodas las cosas negativas que tuve y tengo, nunca tuvo mucho asidero en mí. No puedo precisar desde qué edad exacta llegué a esa conclusión, pero sé que desde los veinte años, nunca creí que nada de lo que uno hiciera podía considerarse pérdida de tiempo, porque todo, siempre, algo nos deja.
Dentro de esta Serenidad de espíritu que anhelo para mí, digo que un paso positivo es
decir que algo que muchos considerarían perjudicial para uno que es enfermarse gravemente, no lo es, porque le ha ayudado a uno a mirar las cosas de otro modo. Tal vez fue un modo medio drástico, pero me dio una enseñanza que de otro modo, habría costado más aprenderla. También, hay que ser honestos, muchas de las cosas que pude confirmar estaban ya en brote tierno en mí, pero ese golpe violento le dio una vigorosidad que lleva a uno a aceptar algunas otras cosas, aún estar en medio de la tormenta y sin brújula, como algo que pasará.
Y esto que aún a pesar de todo, veo realmente muy lejano todavía en mí (voy caminando a veces y no puedo dejar de indignarme con furia violenta contra ciertas cosas, o dejar aflorar ciertas animosidades poco constructivas, por poner un ejemplo), es lo que anhelo para todos ustedes y el país: que alcancemos una paz de espíritu tal, que aprendamos a vivir en armonía, en entender que las cosas van y vienen, que lo que ayer fue será mañana, y que nosotros somos como somos y aceptarnos y no luchar contra uno mismo sino aceptarse y avanzar con o a pesar de -uno elige el modo, no estoy seguro aún de cual de los dos términos responde a una espiritualidad más elevada; creo que depende de qué cosa estemos hablando- nos hará ser mejores, nos hará ser mejores personas, nos ayudará ser mejores seres en comunidad y así, crear una sociedad más justa, menos apremiada por el mañana y más viviendo el hoy.
Paz. Para todos nosotros. Paz.
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